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lunes 27 de febrero de 2012

"Los Zetas" infiltran al Ejército, PGR, AFI, PF y... a gobernadores

La detención de cuatro integrantes de la organización criminal de “Los Zetas” puso al descubierto que operaciones suyas son ejecutadas, y no sólo solapadas, por elementos del Ejército Mexicano, la Procuraduría General de la República (PGR), la Agencia Federal de Investigación (AFI) y la Policía Federal (PF), así como por las policías estatales y municipales, tanto de Coahuila como de Nuevo León.

A cinco años de iniciada la guerra de Felipe Calderón contra el narco, que ya acumuló más de 50 mil muertos y una cantidad similar de desaparecidos, los cuerpos de seguridad federales no escaparon a la corrupción que el presidente atribuye insistentemente a policías e instituciones locales.

De acuerdo con la averiguación previa PGR/SIEDO/UEIDCS/041/2012, integrada apenas el pasado 8 de febrero, soldados de la Sexta Zona Militar ejecutaban a ciudadanos que denunciaban a criminales y desaparecían sus cuerpos, además de ocultarle a la PGR cargamentos de droga.

La indagatoria añade que lo mismo hacían agentes de la PF, quienes asimismo identificaban y enfrentaban a los adversarios de “Los Zetas”, colocaban puestos de vigilancia donde éstos les indicaban y custodiaban cargamentos. Además, establecían las nóminas de las Fuerzas Federales de Apoyo (FFA) que envía el gobierno de manera temporal a combatir al narco.

Por su parte, otros efectivos de la PGR y la AFI, con sobornos a todos niveles, se encargaban de consignar con cargos débiles a los miembros de “Los Zetas”, liberar a los que estaban detenidos e informar a los jefes sobre todo tipo de denuncias, incluidas las anónimas.

En el caso de las corporaciones de Nuevo León, “Los Zetas” presenciaban el pago de la narconómina a los policías estatales o municipales y tenían un enlace con el gobierno estatal para mantener a salvo su estructura.
En Coahuila, el teniente coronel Manuel de Jesús Cícero Salazar, quien se desempeñó como titular de la Policía Estatal Operativa y protegió a “Los Zetas”, era recomendado del secretario de Defensa, Guillermo Galván Galván.

La corrupción en la Fiscalía General del Estado (FGE, que concentra la anterior Procuraduría de Justicia y la Secretaría de Seguridad Pública coahuilenses) era conocida desde hace años por Felipe Calderón, cuyo gobierno no actuó hasta la segunda quincena de febrero.

La mañana del 15 de ese mes, en las instalaciones de la FGE los federales detuvieron al comandante ministerial Sergio Tobías Salas Tobogán, y al policía estatal Julio César Ruiz Esquivel, Chicho, quienes también se encargaron de ejecutar y desaparecer personas. 
Horas después cayó la subdelegada de la PGR en Saltillo, Claudia González López, quien fue llevada a la Ciudad de México. Los tres, como Cícero, están acusados de colaborar con “Los Zetas” y el jueves 23 se les dictó formal prisión.

El jueves 16, la procuradora general Marisela Morales dijo: "Estamos dando un combate frontal a toda la corrupción que se pueda dar en todos los niveles en nuestra propia dependencia. Somos los primeros en poner el ejemplo y tenemos (acciones) sin precedente en el combate que estamos dando contra los agentes federales de investigación, contra los ministerios públicos, contra quien sea en cualquier nivel (que sean corruptos)".

Morales adelantó que hay más implicados, pero aclaró que no pertenecen a su corporación.

Sin embargo, el mismo expediente que permitió la consignación de los elementos ya mencionados también implica a otros integrantes de la PGR.

En cuanto a la corrupción militar, el domingo 19, durante la conmemoración del Día del Ejército, Calderón encomió a los soldados pero admitió: "Es cierto que se han dado casos excepcionales de algunos malos elementos que se apartan de los valores que ennoblecen al instituto armado, que con ello traicionan su uniforme y la confianza en ellos depositada".

Esos "casos excepcionales" ocurrieron en dos de las entidades que registran mayor violencia: Coahuila y Chihuahua, que conforman la XI Región Militar. Los casos documentados hasta ahora son las desapariciones y ejecuciones presuntamente ordenadas por el general Manuel de Jesús Moreno Aviña, jefe de la guarnición de Ojinaga, así como la implicación en ejecuciones del 39 Batallón de Infantería, de Nuevo Casas Grandes y, ahora, el caso del 69 Batallón de Infantería, radicado en Saltillo.

Poder corruptor
Las declaraciones incriminatorias de los soldados y oficiales detenidos en marzo de 2011 revelaron cómo el poder corruptor de “Los Zetas” escaló por toda la estructura de la Sexta Zona Militar, con sede en Saltillo, hasta llegar al general Juan Manuel Vallejo Malibrán, quien se desempeñaba como jefe del Estado Mayor en la zona y luego fue enviado a Guanajuato.

Así, el miércoles 8 de febrero la PGR inició la averiguación previa 041/2012, acumulando testimoniales y probanzas de las averiguaciones 197/2011 y 101/2011, esta última integrada tras la detención, el 12 marzo de 2011, de Pedro Toga Lara, “El Guacho”, y Gerardo Hernández Sánchez, “El Gerry”, identificados como mandos de “Los Zetas”.

Los dos son ahora testigos protegidos de la PGR. A Toga Lara se le asignó la clave confidencial “Escorpión” y a Hernández Sánchez la de “Sagitario”. En la averiguación mencionada se identifica a otro testigo protegido como “Sérpico”, y de las declaraciones de los tres se desprendió lo que en la PGR se juzgó "información veraz y confiable, por haber sido de utilidad para la captura de otros integrantes de “Los Zetas".

En su declaración del 4 de mayo de 2011, “Sagitario” incriminó, con todo y sus “narcosueldos”, a los tenientes Javier Rodríguez Aburto, Sócrates Humberto López González y Julián Castilla Flores, que "ganaban" 50 mil pesos, y a Marcos Augusto Pérez Cisneros, que sólo obtenía 30 mil porque "era muy flojo".

“Los Zetas” les pagaban 30 mil pesos a los subtenientes Alexis Ríos Cruz, Francisco Javier Soto Núñez, Carlos Miguel Gallardo Ibarra, Édgar Sánchez Ruiz, Édgar Valencia Cárdenas y Evencio Castillo Castro.

Al sargento José Luis Cerecedo Cruz, al cabo Pedro Montes Vázquez y al soldado Omar Alejandro Martínez Rivera les entregaban 20 mil. La función de Montes consistía en operar las comunicaciones para transmitir las órdenes de “Los Zetas”.

Otro sargento, Sergio Treviño Ríos, conocido por “Los Zetas” con la clave “Tauro”, fue quien presuntamente vinculó a todos los integrantes del 69 Batallón de Infantería con la organización criminal y se encargaba de pagar la “narconómina”.

Los soldados detenidos se acusaron mutuamente, con lo que salieron a flote varios delitos, como el asesinato de un teniente de apellido Hoyos.

A la lista de implicados se incorporaron así los tenientes Julio César Montiel Rumbo y Jesús Alberto Córdoba Ríos, el subteniente Francisco Javier Beltrán Luna, los sargentos Guillermo Flores Arrazate y Cecilio Ambros Antele, el cabo Salomé Juárez Cuéllar, los soldados Eleaquín Rubio Bautista y otro de apellido Vinalay. La lista sigue.

En el caso del teniente Soto Núñez, al ser detenido se le aseguraron 300 mil pesos en efectivo y armas que no eran de cargo. Según las declaraciones del sargento Treviño Ríos asentadas en el expediente, Soto pertenecía al equipo de Montiel Rumbo, comandante del batallón.

"Junto con otros tenientes y tropa, de los cuales no sé el nombre, (Montiel Rumbo) se encargaba de levantar y desaparecer a personas contrarias a la organización de “Los Zetas”, ignorando lo que hacía con las personas levantadas, y estos “jales” los hacía en Saltillo, Monclova y Torreón", declaró Treviño.

Añadió: "Tengo conocimiento de que “El Rumbo” y su gente, hace aproximadamente tres meses (es decir, en enero de 2011), levantaron a tres personas que eran maestros o ingenieros, gente con algún tipo de profesión, en la ciudad de Monclova, porque le habían puesto el dedo a “Los Zetas".

El martes 21, el diario Reforma publicó otras revelaciones de Treviño, asentadas en la causa penal militar 279/2011, en las que afirma que el general Vallejo Malibrán está relacionado con “Los Zetas”, que no daba parte a la PGR de droga decomisada y portaba un radio de comunicación Kenwood que le entregaron los narcos.

Respecto al teniente Hoyos, quien fue asesinado, Treviño dijo que aseguró armas, dinero y celulares, pero le reclamó al general Vallejo que reportara menos objetos y montos a la PGR, por lo que el general ordenó matarlo.

“Narcosueldazos”
Las declaraciones de “Escorpión”, “Sagitario” y “Sérpico” coincidieron con las de Luis Jesús Sarabia Ramón, Pepito Sarabia, detenido el pasado 11 de enero en los límites de Coahuila y Nuevo León.

Ante el Ministerio Público Sarabia narró su carrera delictiva, iniciada en 2005 como encargado de las tienditas en Nuevo Laredo. Es compadre de Miguel Ángel Treviño Morales, “El L-40”, quien al contratarlo le asignó la clave “L-44”.

A finales de 2007 se integró a "La operativa", es decir, a la escolta de “El L-40” y de su hermano Omar Treviño Morales ( L-42) mientras se escondían en las ciudades de Reynosa, Río Bravo, Valle Hermoso y Matamoros, cuando el “Cártel del Golfo”, aún unido con “Los Zetas”, luchaba por el control de Nuevo Laredo contra el ahora preso Édgar Valdez Villarreal, “La Barbie”, y Arturo Beltrán Leyva, “El Barbas”, asesinado en Cuernavaca.

En 2007 Sarabia fue enviado a Piedras Negras con “El L-42” para fungir como "tranca" o encargado de las comunicaciones de la organización en la ciudad. En 2008, “El L-40” lo convirtió en jefe de plaza de Monclova y, en 2009, Heriberto Lazcano lo envió a Saltillo también como jefe de plaza, pero para entonces "ya formaba parte de la polla", es decir, invertía dinero y se le daba una ganancia de unos 100 mil dólares mensuales. Según el testigo, la clave “L” seguida de un número se asigna a quienes responden al mando de Nuevo Laredo.

En su declaración, Sarabia confirmó la corrupción en la PGR y la AFI. También “Sérpico” asentó que en la AFI, en Coahuila, un comandante obtenía un “narcosueldo” de 100 mil pesos mensuales; un comandante segundo, 70 mil pesos; y los ministerios públicos federales 30 mil. Además se les regalaban costosos vehículos.

Para identificar a los miembros de la AFI, “Los Zetas” utilizaron la clave "tres letras". Además de tener bajo su control a los mandos y policías, pagaban a la subdelegada de la PGR en Saltillo, Claudia González López.

Cuenta Sarabia que un día “El Gerry” (el testigo “Sagitario”) llegó al bar “Carlos'n Charlie's” -que el primero utilizaba para sus reuniones- con la subdelegada, a quien le daban 100 mil pesos mensuales, y las agentes del ministerio público federal Blanca Isabel Dueñas Beltrán (con pagos de 25 mil pesos) y Gladis Feliciana Leyva Quintero (50 mil). En total eran cinco agentes del ministerio público y la subdelegada.

En febrero de 2010 la subdelegada González López y la MP Leyva Quintero se encontraron con Sarabia y “El Gerry” en la agencia Chevrolet de Saltillo para comprarle un carro a la funcionaria de la PGR. Ella salió de ahí a bordo de una pick up azul de doble cabina.
Los vehículos que se obsequiaron a los AFI, y en ocasiones también la “narconómina”, se entregaban en la parte posterior del edificio de la subdelegación de la PGR en Saltillo, en la colonia Topochico.

Y contra la afirmación de la procuradora general Marisela Morales de que no está implicado más personal de la PGR, los testigos y el indiciado revelaron que pagaban 50 mil pesos al agente de la AFI José Guadalupe Ballesteros Huescas, a quien conocían desde 2009.

Señalaron por lo mismo a David Corral Huerta y a Enrique González Nava, este último responsable estatal de la AFI, radicado en Torreón y quien recibía 600 mil pesos mensuales para repartirlos entre los policías asignados a Coahuila. Según Sarabia, así los jefes de su grupo delictivo andaban por el estado sin ser molestados.

Además, los elementos de la PGR y la AFI debían liberar mercancías, vehículos y armas aseguradas en operativos, o bien consignar mal y quitarles cargos a “Los Zetas” detenidos, informar sobre todas las denuncias formales o anónimas contra sus miembros, y compartir la información enviada o solicitada por la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO) de la PGR.

En enero de 2011 se les retuvo el pago debido a que las FFA detuvieron en Saltillo a “El Risas”, que desde mayo de 2010 era el "cocinero" o encargado de calcinar cuerpos para dejarlos inidentificables. “El L-40” ordenó liberar a “El Risas”, quien junto con Sarabia y otros “zetas” eran sus escoltas personales en los años de la guerra contra los Beltrán Leyva por la plaza de Nuevo Laredo.

No fue posible liberar a “El Risas” porque las FFA ya habían dado aviso al mando en la Ciudad de México. La subdelegada González López tuvo que explicar personalmente lo ocurrido y liberar el soborno retenido.

El capitán Valbuena

Los cuatro “zetas” detenidos coinciden en señalar como uno de sus operadores al capitán Jorge Luis Valbuena Flores, mando de la PF en Coahuila y antes en Nuevo León. De acuerdo con “Sérpico”, el capitán estaba a cargo de la PF en Nuevo León cuando lo conoció y empezó a entregarle la nómina a través del “Comandante Lino”, subalterno de “Sérpico” y abatido por el Ejército el 25 de enero de 2011 en Monterrey.

Escorpión afirma que conoció a Valbuena en 2008 y que en Nuevo León recogía también la nómina para Coahuila, entidad a la que fue enviado en 2010 como mando de la PF.
El mismo testigo señala que Valbuena llevó con “Los Zetas” al comandante Enrique González Nava, de la AFI; Azulejo, el comandante de las FFA que llegaron a Saltillo en enero de 2011, y al jefe de inteligencia regional. En esa reunión los mandos “zetas” le entregaron 2 millones de pesos a Azulejo y acordaron el monto que les darían a los oficiales durante su estancia en los dos estados.

Según esta declaración integrada en el expediente, Valbuena facilitó la corrupción de ministerios públicos locales en Arteaga, Coahuila, para liberar a delincuentes detenidos, pero también encabezó acciones directas para “Los Zetas”. Incluso señalan que Valbuena dirigió la búsqueda de “Pepito” Sarabia en Nuevo León, donde escapó, haciéndose pasar por muerto, tras una balacera contra militares en 2010.

El capitán de la PF recibió órdenes del grupo armado para colocar los filtros de vigilancia de la PF en la entrada a Saltillo procedente de Monterrey, así como en la caseta de la autopista 57 Saltillo-México y en las inmediaciones de la carretera libre a Torreón, a la altura de General Cepeda, todo con el fin de identificar a comandos rivales o sus cargamentos, y asegurarse el libre tránsito.

Valbuena proporcionaba información sobre operativos que se planeaban en la Ciudad de México, de la PF y de otras corporaciones ("estaba muy bien conectado en el Distrito Federal"). Según el testigo, el oficial daba indicaciones sobre los vehículos, vuelos, horarios y cantidad de personas, así como del objetivo de los operativos federales en la zona.

El capitán también "resolvía los problemas que llegaba a tener la Compañía en las carreteras”.

En esa ocasión, cuando le pagué, a principios de enero de 2011, 70 mil pesos para él, y para la tropa se le entregó más de 1 millón de pesos, ya que toda la corporación se encuentra comprometida con “Los Zetas", señala “Escorpión”.

Agrega que a Valbuena se le entregaban entre 800 mil y 1 millón de pesos en sobres rotulados con los nombres de los beneficiarios. El testigo “Sagitario” le atribuye al capitán el robo de cinco camionetas blindadas en la carretera libre Saltillo-Torreón, en abril de 2009, tras lo cual desapareció a los choferes y le entregó los vehículos a quien identifica como “El Comandante Chabelo”.

La misma fuente declaró que el capitán de la PF escoltaba cargamentos de droga, armas y vehículos blindados hacia las ciudades de Miguel Alemán, Reynosa y Nuevo Laredo, así como tráileres con "cargas chinas", nombre que dan “Los Zetas” a la “fayuca” que tiene como destino el Distrito Federal.

Según “Sagitario”, el capitán se encarga asimismo del transporte de la mercancía de contrabando mediante la empresa Senda y del paso de la misma a San Luis Potosí por un proveedor independiente. De igual forma, el mando federal ha participado en la ordeña de ductos de Pemex, pues además de brindar protección a la extracción de gasolinas en Hipólito, Coahuila, Valbuena tiene gasolineras en Monterrey y le entregaba al ahora testigo protegido una pipa grande de tres ejes al mes.

Los Torres Charles
Por la información de los testigos mencionados se conoció también que en Nuevo León operaba “El Cabrito”, quien repartía la nómina a policías ministeriales, estatales y municipales en presencia de representantes de “Los Zetas”. Uno de los individuos que así recibía su soborno era el "Licenciado Muñoz", enlace con el gobierno estatal.

En Coahuila el peón de “Los Zetas” era el teniente coronel retirado Manuel de Jesús Cícero Salazar, “Viejo Loco”. Formaba parte del llamado “Modelo Coahuila” y a mediados de 2008 fue designado titular de Seguridad Pública en Ramos Arizpe, municipio conurbado de Saltillo.

El “Modelo Coahuila” fue un programa coordinado por la periodista Isabel Arvide, que consistía en la designación de 11 generales, cinco coroneles, nueve mayores y otros oficiales que sumaban casi 200, todos en retiro, a quienes se les entregaron todas las jefaturas de seguridad pública municipales.

Arvide lo describió así en Torreón, el 17 de febrero de 2010: "Todos los jefes militares, dentro de este modelo, vienen comisionados, después de pasar pruebas de confianza, por la Secretaría de la Defensa Nacional. La mayoría han sido compañeros generacionales del general Galván, han servido bajo sus órdenes o han coincidido con su mando en diversas comisiones".

Las policías estatales, los penales y las jefaturas de los municipios se llenaron de militares que operaron con total libertad y gozaron de vehículos blindados, armas de alto poder, viáticos, seguros y sobresueldos que nunca se transparentaron. Su "jefe moral" era el entonces comandante de la región militar general Mario Marco Antonio González Barrera, hoy inspector y contralor general de la Sedena.

Arvide terminó su relación laboral con el gobierno de Coahuila en mayo de 2010, tras acusar al entonces fiscal del estado, Jesús Torres Charles, de estar coludido con el hampa. Algunos de los militares que llevó a Coahuila reaparecieron tiempo después en otras entidades, como Tamaulipas y Quintana Roo. Fue el caso de Cícero, quien fue designado subsecretario de Seguridad Pública, pero dejó el cargo tras un escándalo callejero en Cancún.

Cícero se hizo notar en Coahuila a raíz de un tiroteo que, ahora se sabe, fue contra la escolta del “L-40”. Los medios locales lo apodaban “El Rambo” y vivía en las instalaciones de la Policía Municipal porque tenía amenazas de muerte. Sin embargo, de las declaraciones de los testigos protegidos se desprende que “Pepito Sarabia” le entregaba 500 mil pesos mensuales (200 mil de esos para otra persona cuyo nombre no se menciona), además de regalarle una camioneta Cherokee.

Otro implicado era Emanuel Almaguer, comandante de la Policía Municipal de Saltillo, quien pagaba la nómina y recibía apoyos para gastos de las patrullas. Fue ejecutado el 5 de diciembre con su hijo de 12 años.

Los testigos y Sarabia coincidieron en señalar a Humberto Torres Charles (hermano del ex fiscal general del estado), a quien apodan “Glenda” y que fue subprocurador en los años noventa, bajo el mando del procurador Humberto Medina Ainsley, padre del actual gobernador de Nuevo León, Rodrigo Medina de la Cruz.

Humberto Torres era director jurídico de la Secretaría de Salud estatal. Hoy está prófugo. Los declarantes sostienen que le entregaron sobornos altísimos (el primero por 100 mil dólares) y le regalaron un automóvil BMW y un Mustang.

El lunes 20 la periodista Isabel Arvide dijo al periódico Vanguardia de Saltillo que la corrupción del ex fiscal Jesús Torres fue advertida personalmente por Felipe Calderón a Humberto Moreira, quien lo ignoró y mantuvo al funcionario en el cargo desde 2010.
Pese a estos antecedentes y a las confesiones e imputaciones hechas por los detenidos, que llevan casi un año en poder de la PGR, esta dependencia no ha integrado ninguna indagatoria contra el ex fiscal Torres Charles ni ha resuelto caso alguno de desaparición forzada de personas, aunque el propio presidente Felipe Calderón se comprometió desde mediados de 2011 a acelerar las investigaciones y dar respuesta a las familias que exigen justicia.

Evidencian “zetas” a gobernador de Nuevo León
A cuatro horas de que el Gobernador Rodrigo Medina anunciara el cese del Secretario de Seguridad, el General Jaime Castañeda Bravo, y el nombramiento del General Javier del Real Magallanes como su relevo tras la reciente masacre y fuga del Cereso de Apodaca, la delincuencia organizada desató al menos dos “narcobloqueos” y colocó mantas en puentes.
Los cierres viales a manos de delincuentes armados que despojan a conductores de sus vehículos para obstruir las vialidades regresaron pese a que Medina, al anunciar en el DF los cambios, aseguró que los “narcobloqueos” ya habían sido "superados" por su Administración.

Los bloqueos fueron reportados en importantes avenidas de Monterrey -una de ellas en el Centro- alrededor de las 20:15 horas luego de 10 meses de no registrarse hechos similares.

En las mantas, con las imágenes y firmas de Heriberto Lazcano, "El Lazca", y Miguel Treviño, "Z-40", líderes de “Los Zetas”, se asegura que el cártel tiene el control del Estado porque Medina recibió al menos 20 millones de dólares de ese grupo delictivo durante su campaña a la Gubernatura del Estado.
El mensaje en la “narcomanta”

"Comunicado al pueblo de México. A la opinión pública. Nuevo León es territorio de “Los Zetas” y el poder lo demostramos con hechos. Y aunque no les guste, Rodrigo Medina me obedece por que lo apoyamos para llegar a la Gobernatura", se leía en las pancartas.

"O que pensaban que los 20 millones de dólares que entregó el lic. Manuel Quiñones (a) lic. Many cuñado o concuño de Aldo Facsi Zuazua para la campaña de Medina era gratis?

"O todo lo que pagamos para los gastos de Rodrigo a través de Agustín Serna de la CROC, no lo híbamos a cobrar? Por eso, hago lo que quiero en Nuevó León. Porque me pertenecen y libero a quien yo quiero de los penales y mato de igual manera a los contras del CDG.

"Acéptenlo, lo único que queda al Gobierno de Calderón y al que venga es pactar con nosotros por que si no los tendremos que derrocar y tomar el poder a la fuerza como hasta ahora.

"Ya se han dado cuenta que ni con el apoyo del Gobierno de los Estados Unidos (ICE, ATF, FBI, DEA), mucho menos con la Marina, Ejército, AFI, SIEDO, PGR van a poder con nosotros porque aquí mandamos “Los Zetas".

Más tarde, alrededor de las 21:00 horas, otro hecho violento se registró en el Estado al reportarse el amotinamiento de un grupo de jóvenes en el Tutelar de Escobedo, conurbado a Monterrey.

Apenas el martes, en una manta firmada por el CDG -“Cártel del Golfo”- colocada por la noche en un puente peatonal de Ruiz Cortines y Félix U. Gómez, se anunciaba el apoyo al Gobierno estatal para localizar a los prófugos del Cereso de Apodaca.

El pasado domingo, 29 reos del penal de Apodaca escaparon con ayuda de personal penitenciario, el cual también permitió la masacre de 44 internos relacionados con el Cártel del Golfo.

Ante la crisis carcelaria, el jueves, organismos del sector privado de Nuevo León lanzaron un ultimátum al Gobernador para que adoptara medidas contundentes. Lorenzo Zambrano, presidente de Cemex, advirtió que existe mucha mediocridad en el área de Seguridad del Gobierno del Estado.
(Con información de la Ch.com y Terra)

jueves 23 de febrero de 2012

"Mi hijo mandaba en el Cereso..."

“No quiero que se lleven a mi hijo, sería una muerte segura en otra cárcel. Me dice que aquí está bien, que ellos mandan en el penal”, revela Reyna Treviño, madre de uno de los reclusos del centro penitenciario de Apodaca.
La angustiada mujer, quien prácticamente ha vivido en las inmediaciones de la prisión desde el pasado domingo, cuando se enteró que había ocurrido la masacre de 44 convictos, refiere que llevar a reos miembros de Los Zetas y del cártel del Golfo a otra cárcel se convertiría en “traslado al matadero”.
Reyna forma parte del grupo de mujeres que la noche del martes protagonizó un severo disturbio al exterior del reclusorio, al detectar un incendio en el interior. Al no tener informes de lo qué ocurría arremetieron contra los policías que custodiaban la puerta de la cárcel, lanzando piedras y pidiendo a gritos informes.
Ayer, ya no había gritos, ni quema de basura, pero sí muchas interrogantes entre las mujeres que han montado guardia y dicen estar de acuerdo para impedir más traslados.
El escenario de tranquilidad contrastó con el que se vio la tarde y noche del martes, cuando mujeres, hombres y niños enfurecidos tiraban piedras y palos a los policías, cuando se enteraron de que se realizarían algunos traslados. Incluso algunos quemaron basura y cartelones que había afuera del penal y bloquearon accesos de salida para impedir que los internos pudieran ser llevados a otra cárcel.
“No sabemos si va a haber más traslados, eso no queremos, que hagan otra cárcel; por qué se los llevan, que no ven que allá los matarán porque son rivales”, reclamaba Guillermina Rodríguez.
Cansada, pero con ánimo de que se conozca su versión, doña Guillermina refiere que “algunos que están adentro no querían que se llevaran a El Chabelo, por eso se hizo la pelea. Son sólo unos cuantos de Los Zetas los que hicieron todo este desmadre”.
Aduce que a las autoridades parece no importarles la vida de los presos. “Quieren más muertes llevándolos a otros penales para que vean... no sean tan vale madristas, son humanos, no puede ser que piensen así”, dijo la señora.
(Con información de El Universal.mx)

martes 21 de febrero de 2012

¿Quién manda en las cárceles..?

Durante años, todo aquel que mantenía una relación elemental con el sistema penitenciario del Distrito Federal —sea por tener preso a un pariente o por sostener una relación laboral— sabía que en las cárceles capitalinas mandaban las mafias criminales.
En el día a día de las prisiones —sean de la capital del país, sean federales o estatales— todo cuesta. Cuesta el aire que se respira; cuesta la luz natural, el pedazo de tierra que se pisa y, claro, la comida, la cama, el agua y, no se diga, cuesta mucho cumplir necesidades humanas básicas, como orinar, defecar y tener sexo.
Vivir la vida, en una prisión mexicana, cuesta mucho a muchos presos que suelen no tener nada. Pero significa un negocio fabuloso para las mafias —un puñado de personas— que, gracias a la fuerza que ejercen sus grupos mafiosos, se hacen del control de las prisiones. Pero los grandes negocios están en los pequeños vicios, como el tabaco, el alcohol, la droga y los privilegios, de consumo masivo en las prisiones de todo el país.
Las cárceles del Distrito Federal, durante años —no sabemos si eso aún existe—, fueron el lugar más seguro para almacenar droga y armas. Y era posible —y acaso siga siendo posible— porque igual que ocurre en las cárceles de todo el país, en las prisiones del Distrito Federal mandan los criminales: las bandas cuyos integrantes se reagrupan en prisión —luego de ser desarticuladas, consignados sus integrantes—, como si estuvieran en su casa.
Muchos saben que, en muchas cárceles mexicanas, son mera figura decorativa los directores y subdirectores de los penales, jefes de celadores, carceleros y custodios. ¿Por qué? Porque los criminales, sus bandas y pandillas los someten, los compran, amenazan, amedrentan y, al final, los convierten en servidores de los presos. Los ejemplos están a la vista de todos. Los ejemplos extremos, en la memoria periodística.
Basta recordar que Margarita Rojas Rodríguez fue condecorada -como Mujer del Año 2010, en mayo de 2011- por el gobierno de Durango, gracias a su trabajo en las cárceles estatales. Meses después, cuando debió intervenir la Policía Federal en el Cereso 2 de Gómez Palacios, a causa de una ola de asesinatos de jóvenes, se descubrió que la directora del penal, Margarita Rojas Rodríguez, permitía que los presos salieran del Centro de Readaptación Social para cumplir con “trabajitos” de la mafia a la que pertenecían. ¿Y cuáles eran esos “trabajitos”? Asesinar por encargo.
Pero lo más escalofriante del asunto fue que La Mujer del Año, Durango 2010 era la pareja sentimental del mafioso que mantenía el control del penal. Y, claro, quien en realidad mandaba. Más aún, las armas que utilizaban para “los trabajitos” eran las oficiales de los custodios. En pocas palabras, el círculo completo: el penal era la guarida perfecta de los criminales.
Y viene a cuento porque en la cárcel de Apodaca -en donde la mafia de “Los Zetas”  asesinó a 44 presos, integrantes del cártel del Golfo- no manda el gobierno municipal, tampoco el del estado  y menos el federal. En esa cárcel mandaban —y seguramente siguen mandando- “Los Zetas”; grupo criminal que planeó la fuga masiva de una treintena de sus integrantes, mientras que otros “zetitas” se encargaban de eliminar a los adversarios.
¿Y dónde estaban, desde el director de Seguridad Pública estatal, el similar en el rango municipal, el director del penal… y toda la estructura de mando?
Todos conocen la respuesta. Toda la estructura administrativa del penal trabajaba para los mandones de la cárcel: “Los Zetas”, quienes planearon la fuga, ordenaron la hora del escape, encontraron las puertas abiertas para emboscar a sus enemigos y, como si nada, se fueron. ¿Quién manda en el Penal de Apodaca? Los mismos que mandan en todas o casi todas las cárceles; los mismos que estimulan la corrupción, la impunidad, la violencia, los cañonazos en económico y las amenazas.
Mandan los criminales
Y entonces de nada sirve que el Ejército y la Marina, además de la Policía Federal, se jueguen la vida persiguiendo y capturando a criminales de todos los rangos y de todas las bandas, si a unos los liberan los jueces, a otros los dejan ir los policías o militares corruptos, y los pocos que llegan a las cárceles hacen de las prisiones su centro de operaciones. Y eso ocurre lo mismo en los gobiernos azules, amarillos y tricolores.
Buena pregunta: ¿Por qué de ello no hablan los candidatos?
Pero de eso no hablan los candidatos a puestos de elección popular. Y, claro, tienen el pretexto de que se les prohíbe hablar.
(Ricardo Alemán/Excelsior)

lunes 20 de febrero de 2012

Los juegos sucios de Molinar Horcasitas

Las manos sucias de Molinar
Juan molinar Horcasitas, ex director del IMSS

La administración de Felipe Calderón utilizó recursos federales y fondos de pensionados para rescatar y capitalizar empresas privadas; "autorizó inversiones en bonos de dudosa calidad"; "amarró" contratos a más de 10 años a pesar de ser un "riesgo" y entregó contratos multianuales con pérdidas millonarias para instituciones como el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).
Esto se desprende del Informe de Resultados de la Cuenta Pública de 2010 que la Auditoría Superior de la Federación (ASF), encabezada por Juan Manuel Portal, entregó el miércoles 15 a la Cámara de Diputados. En el documento se informa que ante el cúmulo de irregularidades, la ASF presentó 98 denuncias de hechos ante el Ministerio Público Federal, cifra que rebasa todas las presentadas durante las revisiones de 1998 a 2009.
Pese al cúmulo de irregularidades, la ASF no presentó una sola denuncia penal, aun cuando la Ley de Fiscalización la faculta para ello.
Al respecto Francisco Rojas, coordinador de los diputados priístas, dijo en conferencia de prensa que hay "observaciones muy delicadas que deben ser concluidas con el resarcimiento del daño causado, con la corrección de los programas fracasados o en su caso, con las responsabilidades penales a que haya lugar".
Pero los diputados de PRD, PT y Convergencia anunciaron que sí presentarán denuncias penales y la primera será contra Juan Molinar Horcasitas quien en 2010, al frente del IMSS, autorizó la especulación con dinero de pensionados, usó indebidamente 3 mil millones de pesos para un contrato multianual de informática que estuvo a cargo de un pariente de la familia presidencial y avaló permisos para estancias infantiles que no cumplían con los protocolos mínimos de seguridad, como en Hermosillo, donde 39 niños murieron quemados.
Historias conocidas
Los asuntos por los que Molinar Horcasitas será denunciado penalmente fueron revelados por Proceso en dos de sus ediciones: la 1759, del 18 de julio de 2010 ("La ruleta bursátil de Molinar") y la 1763, del 15 de agosto del mismo año ("Y en el IMSS huele a… familia presidencial").
Este segundo caso –sobre el cual los legisladores pondrán especial atención pues se trata del posible uso indebido de 3 mil millones de pesos y en el que está implicado Carlos Felipe Castañeda Gómez del Campo, primo de Margarita Zavala, esposa de Felipe Calderón–, se trata del contrato multianual 7S7279, firmado el 4 de octubre de 2007 por Molinar y Castañeda Gómez del Campo con la empresa Tata Consultancy Services (TCS) de México.
Se trata de un contrato de tres años para dar los servicios logísticos e informáticos del IMSS por "la cantidad mínima de mil 241 millones 376 mil 323 pesos hasta un máximo de tres mil 103 millones 440 mil 809 pesos".
Según el informe de la ASF hasta diciembre de 2010 se han pagado a Tata Consultancy Services "mil 770 millones 502 mil pesos"; pero por las múltiples irregularidades detectadas el IMSS ya ha tenido pérdidas por 115 millones 338 mil pesos tan sólo en 2010.
"De la contratación multianual que realizó el IMSS para el servicio de administración y soporte de aplicaciones de cómputo para los ejercicio 2007-2011, el contrato no especificó el número ni la naturaleza de los proyectos a realizar, sus prioridades, las horas-hombre requeridas, los tiempos de duración, ni los métodos de estimación que se aplicarían", indica la ASF.
Y más: "De los proyectos pagados en 2010 por administración y soporte de aplicaciones de cómputo, se revisaron 41 proyectos y se encontraron irregularidades en 27: tres por 32 millones de pesos (que) se concluyeron pero no se implementaron; cuatro por 59.5 millones de pesos (que) se interrumpieron en la fase de diagnóstico; en otros cuatro se determinaron pagos improcedentes por 3.6 millones de pesos a que los entregables no fueron implementados; tres por 20.3 millones de pesos se cancelaron sin lograr sus objetivos; cinco no se encuentran en ambiente productivo y en 10 (proyectos) no se validó el aseguramiento de la calidad".
Serie de observaciones
En el documento se hacen una serie de observaciones, como: "El IMSS no demostró llevar controles del personal asignado a cada proyecto (...) no se evidenció la certificación de calidad de los productos entregados (...) para los ejercicios de 2008 a 2010, la Dirección de Innovación de Desarrollo Tecnológico no sustentó su planeación para los servicios".
Como director del IMSS, Molinar propuso el 14 de diciembre de 2006 a Castañeda Gómez del Campo para que encabezara esa dirección. Un mes después de que este semanario revelara su participación y la firma del contrato multimillonario, en septiembre de 2010, el primo de la esposa del presidente fue removido del cargo y el contrato se venció en diciembre de ese año.
Portal no hace referencia en momento alguno a Castañeda Gómez del Campo y se limita a establecer en cada uno de los proyectos auditados que, "no han tenido beneficio ni utilidad para el Instituto". Sin embargo recomienda dar cuenta a la Secretaría de la Función Pública.
Desde que se anunció la licitación y los concursantes, los competidores protestaron que se le diera a Tata Consultancy debido a que era una empresa de reciente creación (2003) "y no contaba con lo suficientes estados financieros ni tenía la certificación de calidad CMM15 que se pide a las empresas de tecnologías de la información. El tema lo solucionó el IMSS volviendo a convocar y la empresa se alió con Tata America International Corporation que sí tenía el certificado, reveló a Proceso en su momento el exprocurador fiscal Gabriel Reyes Orona, quien pidió desafuero y juicio político contra Molinar Horcasitas.
Esa no fue la primera vez que la "familia presidencial" le brindó servicios al gobierno federal: en su número 1622 Proceso reveló cómo las empresas Hildebrando y Metadata, propiedad de Hildebrando Zavala Gómez del Campo, dio servicios para el manejo de datos de instituciones como Petróleos Mexicanos, la Comisión Federal de Electricidad o el Instituto de Protección al Ahorro Bancario... y al IMSS.
Molinar rescató empresas
Las irregularidades detectadas por la ASF y en las que está implicado Molinar, hoy parte de la dirigencia nacional del PAN, tienen que ver también con el uso del dinero de los derechohabientes del IMSS y de recursos de otras dependencias para pretender rescatar empresas que hoy están en quiebra. Incluso se destinó este dinero para capitalizar a empresas como Comercial Mexicana y las sociedades Su Casita y Metrofinanciera, entre otras.
La ruleta bursátil a la que recurrió el gobierno federal implicó a tres dependencias: Sociedad Hipotecaria Federal (SHF), Fondo de Vivienda (Fovi) e IMSS. A las tres recurrió para que parte de su presupuesto se canalizara a la compra de bonos de diversas empresa o sociedades financieras de objeto múltiple (sofomes); es decir el gobierno "especuló" con dinero de la población y, peor, para salvar empresas privadas distrajo las cuotas de los trabajadores al IMSS.
"En SHF, Fovi e IMSS las inversiones y apoyos fueron otorgados mediante el consenso de los comités constituidos legalmente; no obstante, por el origen y magnitud de los recursos, así como por la naturaleza y riesgo especulativos de los mercados accionarios y de deuda, se puede concluir que al amparo de decisiones colegiadas dichas entidades del sector público han autorizado inversiones en capitales y bonos de dudosa calidad", establece la ASF.
Desde 2009, se lee en el documento, las sofomes Metrofinanciera e Hipotecaria Crédito y Casa estaban "en riesgo", "a pesar de lo anterior en 2009 se le concedieron líneas de crédito contrarias a la normativa de SHF y Fovi por 381.9 y 910 millones de pesos respectivamente".
Además la SHF, añade, privilegió a los intermediarios financieros no bancarios sin atender las "sanas prácticas y usos bancarios". "En las inversiones de SHF, Fovi e IMSS en entidades financieras del sector hipotecario se determinaron observaciones sobre situaciones y prácticas que en el mediano plazo podrían impactar en las finanzas públicas".
Un punto revelador de la ASF es que pudo comprobar que la SHF le pidió al IMSS que "reestructurara deuda quirografaria de 2007" con una sofom (Metrofinanciera) porque la empresa tenía problemas de liquidez.
Jugó a la bolsa
"El director de SHF (Javier Gavito) solicitó al director del IMSS (Molinar Horcasitas) el 12 de diciembre de 2008 la renovación de la posición de 500 millones de pesos, con vencimiento a diciembre de 2008, ya que la empresa tenía problemas de liquidez que le impedían enfrentar sus obligaciones de pago, por lo que de no renovar todos los tenedores tendría incumplimiento de pago, que podría obligar a la liquidación de la empresa, lo que reduciría al mínimo la posibilidad de recuperar el capital invertido; además habría un programa de apoyo al sector hipotecario para dar viabilidad al sector en el largo plazo."
Las renovaciones de lo que sería compra de acciones o bonos de Metrofinanciera se realizó de manera consecutiva pese a que la empresa notificó el incumplimiento de pagos y a que dos calificadoras le dieron las peores calificaciones.
El 8 de junio de 2010 el IMSS autorizó la renovación de 561 millones de pesos en la sofom y finalmente se tuvo un "valor perdido" de 199 millones de pesos, según la ASF. Hay que destacar que el dinero invertido en sofomes salió del régimen de jubilaciones y pensiones subcuenta 1 y del de invalidez y vida.
En términos monetarios, según la ASF, el dinero que está en Metrofinanciera desde 2007, "en su liquidación es incierto". Además, en 2008 "las inversiones en Metrofinanciera sufrieron minusvalías por 503 millones de pesos no reconocidas ni registradas como disminución patrimonial".
El IMSS también jugó a la bolsa para invertir el dinero de las jubilaciones en la llamada Controladora Comercial Mexicana, misma que está en concurso mercantil. Igualmente el Instituto, según la ASF, en 2010 invirtió mil 886 millones de pesos, de los cuales 656 millones los tomó de las reservas de riesgo de trabajo.
La ASF concluye que SHF, Fovi e IMSS "al financiar" la "supervivencia" de esas empresas, "lo hizo en perjuicio de dichas entidades públicas… Con las pérdidas en el precio del mercado de sus inversiones, el IMSS afectó el monto de sus reservas y se incrementó el déficit para afrontar sus compromisos del régimen de pensiones y jubilaciones".
La Ley Federal de Entidades Paraestatales sólo permite inversiones en casos seguros, como los bonos emitidos por el gobierno pero no de empresas por considerar volátil y especulativo el proceso. A pesar de todo esto el auditor no fincó una sola denuncia penal.
(Con información de El Diario.mx)

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