jueves, 2 de septiembre de 2010

La traición de "El Chapo" generó la violencia


En los años de ascenso de Édgar Valdez Villarreal, La Barbie, en la organización de los hermanos Beltrán Leyva, la investigación militar en torno al cártel de Sinaloa y sus actividades en el DF daba luces para lograr resultados esperados, que nunca se produjeron.

Cosas extrañas ocurrieron entre 2003 y 2005. Un episodio basta para dar una idea de las complejas relaciones del narco y el poder.

A finales de 2003, un equipo especial de policías capitalinos dedicado a enfrentar bandas de asaltantes de tráilers que operaban en la periferia de la ciudad, se topó cierta madrugada con un peculiar operativo denominado Centurión o Centauro.
Este consistía en detener camiones de carga que luego aparecían registrados con otros nombres, desmantelados o bien, eran reutilizados para mover droga y gente hacia el norte del país.
La madrugada de un martes cercano a noviembre, uno de los altos mandos policiales del DF recibió la llamada de un jefe de sus células de inteligencia para decirle que había problemas.
—¿De qué se trata, qué ocurre?, contestó el jefe.
—Es que agarramos a unos güeyes, al parecer pesados, acá por el oriente…
—¿Y?
—Es que…se nos pelaron…
—No me chingues, contestó el jefe y se trasladó con varias patrullas a donde estaba su gente.
El operador de mando policiaco le dijo que sorprendieron a unos tipos atracando un camión, que al verse rodeados uno de ellos, al parecer el cabecilla del grupo, se acercó y tras identificarse como comandante, mostró oficios sellados que justificaban los operativos de revisión a transportistas.
¡Somos compas, espérense!, dijo el tipo y les mostró entonces una credencial de la Sedena firmada por el general Gerardo Clemente Ricardo Vega García. Les dejó los originales y copias de los papeles que amparaban la colocación de retenes y la revisión de tráilers.
Luego pidió que lo esperaran, “que iba por su licencia a la camioneta… y se peló, salió hecho la madre”, le dijo su hombre de confianza al mando de la SSP local.
El mando de la SSP elaboró oficios, cartas y documentos de seguimiento que entregó a la Sedena para notificarle lo ocurrido. También le mandó al general Vega García la credencial original y los documentos supuestamente expedidos por la dependencia.
El funcionario capitalino no obtuvo respuesta de la Sedena. Supuso que los militares investigarían lo ocurrido.
Cuatro meses después, el grupo operativo se encontró con el mismo personaje, pero ahora asegurado y entregado al agente del Ministerio Público para su consignación, ya que había sido atrapado en flagrancia. No tenía forma de zafarse de esa, pensaron los mandos.
Dos días después, el sujeto y sus cómplices eran trasladados el Reclusorio Sur para continuar su proceso. Más tarde, el mando policiaco recibió otra llamada en la que su gente le comentaba que había problemas con un traslado de un caso que ellos llevaban.
El sujeto que habían detenido asaltando tráilers, acababa de ser rescatado por un comando de 10 hombres armados durante el traslado.
El tipo, supieron después, formaba parte de la estructura operativa que La Barbie, controlaba mediante otros operadores para abrir y mantener rutas de trasiego que cruzaran la capital del país y llegaran sin problemas al estado de Morelos.
Fuego cruzado
Pocos casos de persecución contra capos de la droga han despertado tanto celo profesional como el que se fue armando para dar con La Barbie. La razón es muy simple: civiles, navales y militares lo querían atrapar primero, pero sobre todo, vivo, muy vivo.
Para dar con él, fueron necesarias 12 reuniones especiales en las que la PGR, la SSP Federal, la Marina y el Ejército, intercambiaron información entre sí y con la DEA, el FBI y la Oficina de Aduanas de los Estados Unidos a fin de avanzar hacia su captura.
Hasta hace dos meses, la Armada llevaba la delantera en la indagación para detener a La Barbie, pero una filtración al interior de la Marina dio al traste con la operación.
La siguiente jugada la hizo la SSP Federal con éxito operativo, pero con escasa profundidad en el entramado del tráfico de drogas, lavado de dinero, conexiones financieras, bancarias, políticas y empresariales detrás de la actividad de Édgar Valdez.
Su captura es loable, pero nada más. No va a cambiar la naturaleza de las operaciones de los cárteles ni modificará sustancialmente sus rutas de trasiego o sus dinámicas de lavado de dinero o las redes de protección en torno suyo, porque en México la estrategia de combate al narco no va encaminada primordialmente a atacar esferas, sino a golpear las operaciones externas de los cárteles.
La traición de "Chapo" generó la violencia
En su declaración a la SSPF, Edgar Valdéz Villareal, rechaza que la muerte de El Barbas haya empeorado la confrontación entre los cárteles, y afirma que el día de su muerte, el 16 de diciembre, Arturo Beltrán le pidió ayuda para escapar.
La guerra entre los cárteles de Juárez y de Sinaloa fue el detonante de la violencia que viven actualmente Ciudad Juárez y el resto del país, y comenzó porque Joaquín, "El Chapo" Guzmán rompió el pacto de no agresión que sellaron los jefes de todas las organizaciones en Cuernavaca, a mediados del 2007, reveló Edgar Valdez Villarreal.
"Comenzó todo por Juárez. Pues ("El Chapo" y su gente) no querían al JL, el que le manejaba las cosas a Vicente Carrillo. Supuestamente ellos quedaron que se iban a arreglar con Vicente para poder pasar por Juárez, y comenzaron a pelear porque se miraron feo, nomás comenzaron a pelear porque.. porque así es", dijo con voz pausada.
En su declaración, afirma también que en el último año y medio Arturo Beltrán Leyva se drogaba mucho, y quería matarlo cuando lo veía, por lo que él se distanció, y cuando el líder de los Beltrán lo llamaba le daba largas para reunirse con él.
Rechazó que la muerte de "El Barbas" haya empeorado la confrontación entre los cárteles, y recordó que el día de su muerte, el 16 de diciembre, Arturo Beltrán le pidió ayuda para escapar porque estaba cercado por la Armada y él le sugirió entregarse.
La respuesta de Beltrán fue que no se iba a dejar, y que prefería morir.
"Después me pasó a uno de ellos, que me dijo que (Arturo) no dejaba salir a nadie".
En sus respuestas, Valdez Villarreal no ocultó su aversión por "Los Zetas", a los que considera un peligro para las demás organizaciones criminales, porque no respetan los acuerdos.
"Pues sí (son un peligro), porque no respetan esos. Pues la verdad son mugrosos. Para mí que ni su mamá los quiere", afirma con un acento norteño.
Sobre la guerra entre Vicente Carrillo y Joaquín Guzmán, "La Barbie" aseguró que las diferencias resurgieron luego de la reunión en Cuernavaca, donde todos los capos hicieron un pacto de no agresión.
"Había una cuerdo, que "Los Zetas" iban a hablar sólo con Arturo, y con él se arreglaban. Después comienzan las envidias y ya, todo lo de la guerra, pero con el chapo... Entre Arturo y ‘El Chapo' y ‘El Mayo', Nacho Coronel, todos ellos", recuerda.
Valdez Villarreal tiene muy claras las causas de la guerra.
Asegura que fue "El Chapo" quien rompió el acuerdo.
"Lo que sé, que El Chapo le metió gente, como que no respetó el pacto de él, le comenzó a meter gente (a Vicente Carrillo) que le mataba gente, y decía que él no y era la gente de él. La gente de abajo era la que la que decía que no y se peleaba la gente de abajo, la gente del "Chapo" con ellos y así comenzaron a pelear. Y entonces hablaban y hablaban y hablaban; había muchas juntas, pero eso nunca se arregló, porque no estaban de acuerdo", refirió.
Aseguró que los Beltrán y él quedaron en medio de la disputa y que, a la fecha, se mantiene el pacto de no agresión con el Cártel de Juárez.
"Nosotros hasta ahorita no peleamos con ellos. No somos amigos, pero hay un pacto: que no peleamos, aunque a veces hacen cosas ellos pero está parado todo ahorita con ellos. Ellos están peleando pa' Culiacán con el "Chapo".
En el interrogatorio, admitió conocer a Juan José Esparragoza "El Azul", que estuvo en la junta de capos y después iba a comer a Cuernavaca con frecuencia.
A Vicente Carrillo dijo no conocerlo, porque no iba a las juntas, enviaba un representante y se comunicaba por radio ya iniciada la reunión, para hablar con los asistentes.
De Nacho Coronel recuerda las promesas de ayuda al grupo de los Beltrán, que nunca se cumplieron.
"(Nos decía) Que le echáramos ganas, que nos iba a apoyar, igual que el Chapo: que nos iba a mandar un millón, en cada junta nos iba a mandar un millon y no mandaba ni un cinco".


(Con información de El Mexicano)

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