Resultaría muy difícil encontrar en algún otro estado del país un penal en donde se haya generado tanta violencia y muerte como en el de Gómez Palacio, durante los últimos años.
Ya de plano hemos perdido la cuenta de los motines, riñas, asesinatos, suicidios verdaderos y falsos, y demás hechos cruentos que han despertado la atención no sólo en México, sino incluso en otras latitudes. Ante el cúmulo de lamentables sucesos en esta cárcel, ya resulta muy corta la exigencia del Partido Acción Nacional de que se nombre un nuevo director.
¿De qué serviría poner a uno u otro titular, si hay que cavar mucho más profundo en la fosa de la corrupción, para cambiar algo? Está demostrado que los distintos niveles de autoridad han sido ampliamente rebasados en este penal 2 de Gómez Palacio, que no es lo mismo que Centro de Readaptación o Reinserción Social.
Cada nombramiento de nuevas autoridades ha representado un intento fallido de cambio.
Lo que en ese interior ocurre está fuera de control; eso es incontrovertible, y este reciente enfrentamiento, cuyo saldo quedó reconocido oficialmente en 11 víctimas, así lo comprueba. Todavía ayer, fue encontrado muerto otro interno, colgado de una regadera en un dormitorio.
Además de convertirse en la cárcel más violenta de México, también es parte ya de la historia negra del país, porque no hay un solo antecedente de reos que asesinen tanto dentro como fuera de sus instalaciones, con la complacencia de las autoridades penitenciarias, y además no a un enemigo en particular, sino a jóvenes inocentes que se divertían en lugares públicos, hechos que dejaron unas sesenta familias laguneras de luto el año pasado.
En la contabilización de daños colaterales, este caso sobresale por absurdo y atemorizante hacia toda la sociedad, que además la única justicia vista al respecto fue el traslado de Margarita Rojas, la directora en ese tiempo, a un penal en Nayarit.
Son muchos los eventos de crimen en este centro penitenciario, en el que la estrategia para abatir tanta criminalidad debe ser enérgica, certera y contundente, si es que de una vez por todas existe la convicción de frenar la ola de muerte que, al parecer, se ha vuelto cíclica.
Como en otras ocasiones, es la Fiscalía General del Estado la entidad responsable de iniciar las investigaciones de este nuevo "baño de sangre", aunque no se ha anunciado oficialmente ninguna otra medida para evitar tan galopante violencia. Es imprescindible detener un recrudecimiento de los hechos, principalmente a través de medidas preventivas, de lo contrario, es alta la probabilidad de próximas noticias tan malas o peores de las que periódicamente nos estamos enterando.
Si se presume la coordinación de esfuerzos entre los distintos niveles de gobierno, es más que oportuno demostrarlo ahora y así regresar la estabilidad a esa cárcel tan suigeneris, que en lugar de prisión está convertida en un centro propiamente de ejecuciones diversas, o de muertos por paquete, de cinco para arriba.
(Con información de El Siglo de Durango)