miércoles, 16 de febrero de 2011

Isotipos

Seguro que Jack Dorsey, hombre de la apacible ciudad de San Francisco, California, no se imaginó que un invento suyo ayudaría a derrocar una dictadura árabe aferrada al poder durante 30 años. A principios de 2006, Dorsey puso en marcha una cosa llamada Twtrr, la cual, meses después —con la buena ayuda de dos vocales— tomó un nombre menos onomatopéyico: Twitter. Dice la leyenda que la idea surgió durante una reunión de los jóvenes ejecutivos de la compañía Oreo en la cual probaban comida mexicana y discutían la posibilidad de crear algo parecido al sistema de mensajes telefónicos (SMS) pero en una versión de internet que fuera suficientemente intensa como adictiva.
Tras el lanzamiento, el número de participantes de la red social siempre fue en ascenso, sin embargo, hasta el 2008, durante las elecciones presidenciales de Estados Unidos, el invento de Dorsey cobró fama mundial. Un asiduo participante era Barack Obama, el ganador de los comicios, quien tras la histórica jornada electoraltwiteó un agradecimiento especial a sus miles de seguidores en Twitter por haber hecho posible el triunfo. En los años posteriores, 2009 y 2010 la red social de los 140 caracteres se comió al mundo. Incluyendo a Egipto, por supuesto.
Hosni Mubarak, dictador egipcio durante 30 años, fue derrocado en este 2011 poco después de que un grupo de ciudadanos creara en Facebook un evento de nombre cuestionador “¿Usted se manifestará el 25 de enero?”. Unas cien mil personas confirmaron su asistencia y no sólo eso: contrario a esas fiestas a las que virtualmente todo mundo acepta ir pero que en realidad suelen ser algo solitarias y aburridas, los invitados del 25 de enero sí se manifestaron en la plaza Tahrir de El Cairo.
Dieciocho días después, el dictador de 83 años de edad fue vencido por internet. Por un momento, Facebook, además de ser vitrina de vanidades personales, se transformó en arma de guerra contra un gobierno déspota, en este caso el egipcio. A partir del 25 de enero, desde Facebook se convocaba a los actos de protesta y estos se narraban a los demás vía Twitter a una velocidad promedio de mil twits por minuto al momento, calculan los expertos más conservadores. La espiral de comunicación soñada por los teóricos se hacía verdad, tanto, que lo sucedido en Medio Oriente de repente parecía un guión sacado de alguno de los capítulos del voluminoso libro Comunicación y poder, del español Manuel Castells.
El hashtag con el nombre del dictador se convirtió en el punto de encuentro de miles de inconformes. Y a la par de #mubarak aparecieron otros hashtags como hongos, con el nombre de la capital egipcia o la fecha en la que comenzó el relajo. Gracias a la revolución de Egipto muchos supieron lo que es un isotipo.
En una de las más entrañables, entre miles de imágenes difundidas acerca de lo sucedido en el país de Medio Oriente, aparece un hombre cargando una pancarta de cartón con coloridos recortes que incluyen el símbolo de internet (una e minúscula color azul con un ligera línea dorada), una G (de Google), una Y (de Yahoo), una P (acompañada por un corazón) y una T (de Twitter). Cada uno de estos símbolos, hoy tan conocidos globalmente como el gol con la mano que metió Maradona en el Mundial de México 86, se llama isotipo. Unidos en ese orden, los isotipos de la cartulina de protesta formaban la palabra: egypt.
El nuevo lenguaje, el de inicios del siglo XXI crece velozmente. Internet parecía antes tan inofensivo. ¿Cuándo dejó de ser solamente la nueva caja mágica en la que se podía jugar póker con gente de otros países o bajar la letra de canciones de amor? Hoy internet también puede estar ligado a una revolución árabe.
La influencia de las redes sociales en la caída de Mubarak ha sido reconocida por entes tan respetables como contradictorios entre sí como la institucional BBC de Londres y el más forajido y experimentado de los reporteros de occidente en el mundo árabe, Robert Fisk, corresponsal de The Independent, que entre otras cosas ha entrevistado a Bin Laden. Tanto la BBC como Fisk le atribuyen a Facebook y a Twitter un protagonismo decisivo en la caída del dictador egipcio.
Sin embargo, para otros, se está exagerando la influencia de las redes sociales en la caída de Mubarak. En México hay quienes consideran eufórico el análisis que define a las redes sociales como revolucionarias. Y por el contrario, hay quienes desde ahora pronostican que lo sucedido en Egipto podría replicarse en México. Al respecto, Rubén Alonso, compañero de MILENIO Guadalajara observa: “Se sobredimensiona el cerillo como factor de fuego, y en espera de un incendio, no se considera la existencia de otros elementos, uno de ellos clave, material inflamable: En Egipto, 30 por ciento de la población está desempleada y con acceso a redes sociales. Ese sí es terreno propicio para una revolución, para que con un simple twit se active”.
Hay que dejar pasar la euforia de ver caer un sátrapa para analizar a bien lo que sucedió. Mientras, la historia del instante nos dice que lo de Egipto es la historia de cómo unas redes sociales recién inventadas permitieron derrocar a una férrea dictadura árabe de 30 años de antigüedad, con el exotismo de unas protestas ocurridas a la orilla del río Nilo y la transmisión en vivo de la revuelta vía Facebook.
(Con información de Milenio on Line)

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