Hoy en Nota Roja

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lunes, 26 de diciembre de 2011

Así se busca a una hija (Parte ll)

María Soledad tenía 34 años cuando su hija, de 14, fue raptada. Entonces se propuso la tarea de buscarla. Para embarcarse en esa aventura, sin embargo, se tuvo que prostituir y meter en lugares sórdidos del DF y de otras entidades, pues le informaron que "El Bombacho", un padrote de La Merced, había secuestrado a su niña.

La angustia comenzó el 2 de julio de 2000, a las 21:30, cuando Lorena, a punto de cumplir los 15, salió a comprar tacos y ya no regresó. La familia vivía en un edificio situado sobre avenida Circunvalación, casi esquina con Manzanares, donde María Soledad cuidaba bebés de trabajadoras sexuales.

A eso de la medianoche, María Soledad salió a la calle e hizo preguntas a sus amistades. Una mujer le dijo que había visto la forma en que un individuo, apodado "El Bombacho", obligó a la muchacha a subirse en un auto Stratus color plateado, y que enfiló sobre Circunvalación, rumbo a Fray Servando.

La madre denunció el hecho en "la segunda" -así le dicen a la agencia del Ministerio Público que está en La Merced-, pero sólo hizo corajes.

-¿Por qué?

-Porque -responde María Soledad- lo primero que me dicen es "que a lo mejor se fue por su gusto, que a lo mejor estaba embarazada, que a lo mejor andaba con su novio..." Y que debería esperar 72 horas para presentar la denuncia. Y yo preguntaba: ¿por qué dicen cosas sin fundamento?

-¿Y qué más les dijo?

-Me fui refrescándoles su abuela. Luego le hablé a mi hija Eva, de 22 años, que vive en Morelos, y me pidió que me calmara.

-¿Y volvió a "la segunda"?

-Sí, a las 72 horas; hice la denuncia por "robo de menor", pero dijeron que si mi hija se había ido con su novio yo tendría serios problemas.

De ahí fue al Centro de Atención a Personas Extraviadas y Ausentes (CAPEA), y recabaron los datos de Lorena.

Su hija Eva, mientras tanto, imprimió mil volantes con información de su hermana, y los distribuyeron en la zona. Pasaron tres meses.

Un día llegaron a su casa dos agentes de la Policía Judicial. María Soledad los recuerda muy bien: Ulises y Cuco. Le pidieron el número de la averiguación previa, pues ahora sí, le dijeron, iban por "El Bombacho".

Pero no hubo nada. Dijeron que no lo habían encontrado. Cómo de que no, dijo María Soledad, "si "El Bombacho" es muy conocido en la calle de San Pablo".

Y puso límite a su desesperación. De modo que en septiembre de ese año, 2000, reveló a sus hijos el plan que traía en mente: "Qué les parece si me meto como trabajadora sexual para investigar?" Ni Daniel ni Eva aceptaron. Ella, sin embargo, inició su periplo".

Y no sólo convenció a Eva, sino que ésta abrió dos cuentas bancarias, una de ella y otra a nombre de su hija, para sacar dinero en casos de emergencia.

"Es que el amor de una mamá es muy grande", comenta ahora, 11 años después, "y determiné que tenía que hacer algo más complicado".

Comenzó a laborar como trabajadora sexual. Esta inmersión la llevó a bucear en "el bajo mundo de la delincuencia", como ella lo denomina, "conocí mafiosos, seres impresionantes". "Y todavía me pregunto: "¿Cómo salí con vida?".

Y contrató a dos "malandrines"

Así los llama.

Tenían seis meses de vivir en ese domicilio de Anillo de Circunvalación. María Soledad y sus hijos, Lorena y Daniel, de 14 y 15 años, arribaron del puerto de Veracruz. Ella había dejado a su esposo, un militar demasiado estricto, con quien se casó "para conocer lugares", pero el hombre enfermó de celos y la enclaustró.

-¿Cuánto tiempo estuvo con él?

-No es bueno recordar cosas feas -responde esta mujer chaparrita, piel blanca y arrugas prematuras-. Desde que él se murió yo soy feliz.

-¿Por qué?

-No es que yo quisiera que se muriera, pero falleció en 2000 y ahora soy feliz. Imagínese: todavía estaría en pleito de divorcio.

-¿Tan malo era?

-Fue la desgracia de mi vida. De veras que el amor es ciego. Pero no hay mal que dure 100 años, ni nadie que los soporte. Los celos, la falta de seguridad en sí mismo, acaban con los matrimonios. Me imagino que por eso hay muchos divorcios.

-¿La golpeaba?

-No, pero no me dejaba salir; ay, Dios, y yo que soy tan pata de perro -suspira y luego sonríe.

-Continúe con su relato

-Cuando llegaba a los lugares no les decía que buscaba a mi hija, sino a una muchacha que me debía dinero. Conocí a unos malandrines... De veras que gasté mucho dinero... Bueno, mi hija.

-¿Y qué más?

-Me llevaron a un lugar llamado Espíritu Santo, rumbo a Toluca. Está en medio de la nada. No hay viviendas. Está cercado. Adentro hay muchos cuartos. Como cantinuchas.

-¿Y quién la llevó?

-Dos malandrines. Me llevaron con los ojos vendados y agachada. Era de noche. Viernes o sábado.

-¿Cuánto pagó?

-Tres mil pesos a cada uno. Me esperaron en la puerta. Hay mucha seguridad en ese lugar. Sólo los clientes pueden salir. Adentro hay mujeres de todas las edades. Menores de edad.

-Y la buscó?

-Sí, pero no estaba. Salí igual: ojos vendados y agachada. Llegué a mi casa de madrugada. El trato era llevarme y traerme y que aquí yo les pagaba; además, que si encontraba a mi hija, les iba a dar diez mil pesos a cada uno. Luego, los malandrines me llevaron a un lugar a Puebla, similar a Espíritu Santo.

-¿Qué día llegó?

-Un miércoles y salí el domingo. De un lado tiene la entrada, tipo bar; luego, unos cuartos y patios del lado izquierdo. Las mujeres, cuando entran, dejan sus celulares en resguardo. Hay un enorme patio y una barda cercada. Ahí es donde "El Bombacho" llevaba a sus víctimas. Me dijeron que ahí estuvo mi hija.

Y recorrió bares, cantinas, prostíbulos en el DF y municipios vecinos, como Tlalnepantla, y Toluca. Pero nada.

El Día de Muertos de ese año, 2000, la visitaron tres mujeres y le dijeron que si no retiraba la denuncia contra "El Bombacho", le iban a entregar a Lorena hecha pedazos en una caja. "Yo les dije que aunque fuera en caja, pero se las iba a quitar", recuerda María Soledad, "y me dijeron que era yo una necia".

La última semana de noviembre fue a un programa de denuncia de TV Azteca, dirigido por Jorge Garralda, y ahí presentó su caso, lo que, comenta, "en el bajo mundo se interpreta de esta forma: sé quién eres, sé dónde estás, si no la sueltas, te mueres".

Eso fue el jueves. El domingo por la mañana, 3 de diciembre, le hablaron a su celular para que se apersonara en el hotel El Universo, entre Manzanares y Circunvalación, donde unas señoras le avisaron que su hija estaba en la calle de Pradera y Circunvalación. Había diez adolescentes vestidas de blanco y negro.

-¿Y la reconoció?

-Por un momento no. Mi hija tenía una cicatriz en la cara. Después la reconocí. La abracé. Ella temblaba. Yo tenía miedo. Cruzamos Circunvalación. Mi hija empezó a orinarse. No quiso entrar al Metro Merced, ni a Pino Suárez, y caminamos sobre esa misma avenida y tomamos un taxi a Iztapalapa.

Era mediodía.

Después fueron a la agencia del MP número 50, pero no le hicieron caso, y le dieron carpetazo al asunto. Su hija se casó y vive en Morelos. Tiene una niña.

Han pasado 11 años

"Yo hice lo que hace un buen cazador: armarse de paciencia y conocer sus movimientos", reflexiona esta mujer, ahora dedicada al reciclaje de cartón y cobre. Vive en el Estado de México. Le va bien, dice, y se ha unido a una organización, Brigada Callejera, que defiende los derechos de las trabajadoras sexuales.

-¿Tiene miedo?

-¿Miedo a qué? No le convendría matarme, porque sus problemas pasarían a otro nivel. Le saldría muy caro -dice, refiriéndose a "El Bombacho", y se echa la mochila a la espalda y camina sobre Izazaga.



(Con información de Sipse.com)

"El Chapo" vino 3 veces a Baja California y su gente es "mala paga"

ENSENADA.- De los detenidos, al menos 15 aseguran haber visto al líder del cártel de Sinaloa en tierras ensenadenses unas tres veces, llegó en una avioneta particular sin problema alguno.
El líder del cártel de Sinaloa, Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera, estuvo en Ensenada por lo menos en tres ocasiones recientemente, llegó en una avioneta particular, aterrizó en una pista hecha en medio del suelo árido de San Quintín, vio el progreso de su mega sembradío y se fue sin que nadie lo molestara, según se puede leer en las testimoniales hechas por al menos 10 de los 58 campesinos detenidos en el invernadero descubierto por el Ejército Mexicano el pasado 12 de julio en el poblado de San Agustín, ubicado al sur del municipio de Ensenada.
Dentro de la toca penal 667/2011 y derivado del proceso penal 396/2011, conformado por 2 mil 428 fojas, dividido en cinco tomos, se desprende lo que quizá pudo haber sido la ocasión más cercana que tuvo el Ejército Mexicano de capturar en tierras bajacalifornianas al hombre más buscado del mundo, ya que al menos 10 campesinos aseguran haber visto aterrizar la avioneta en la que viajaba Guzmán Loera, quien se hacía acompañar por tres hombres más y en una ocasión, asegura uno de los declarantes, hasta llegó acompañado de “una mujer de buen cuerpo”.
“Se le hizo una palapa especial a los ´pesados´ para que cuando llegaran al invernadero a ver la marihuana que iba creciendo no se asolearan, yo lo vi en una ocasión a escasos 20 metros, de reojo, porque la instrucción era muy clara: cuando bajara el avión no teníamos que voltear a ver a las personas que descendieran; todos nos volteábamos, pero en esa ocasión lo vi, supe de inmediato que era ‘El Chapo’, pero se veía más delgado y joven”, dice en su declaración uno de los detenidos, quien asegura que fue contratado en su tierra natal, Sinaloa, luego de que las heladas acabaran con toda la siembra.
Al principio, relata el detenido, ofrecieron pagarnos mil pesos a la semana por venir a Baja California a cosechar uva. Yo estaba en mi casa y hasta ahí llegó una persona para ofrecerme trabajo, lo cual acepté de inmediato; me dijeron que saldríamos de Guamuchil y así fue. Nos vinimos en un autobús blanco y después de 30 horas llegamos a San Vicente, donde un pick up tipo Lobo tripulado por alguien identificado como “El Jovito” nos llevó hasta el mega plantío.
Llegamos de noche -narra en su declaración uno de los campesinos-, nos dijeron que descansáramos porque al día siguiente empezaría la chamba. “Nunca me imaginé lo que vi, hectáreas y hectáreas de marihuana, y a los lados desierto, de inmediato nos dijeron que el trabajo sería limpiando los surcos donde estaba la droga y que nos pagarían mil pesos por semana y cuando cosecharan no darían otros 10 mil dólares -dinero que nunca vieron, ni siquiera los mil pesos-. Antes de llevarnos al mega plantío nos dijeron que les diéramos las direcciones exactas de nuestras familias y que ellos les mandarían el dinero, por ello cuando estuvimos en medio del desierto, cosechando ‘mota’, no tuvimos otro remedio que seguirle”, dijo uno de los 58 detenidos, de quien nos reservamos su nombre.
Encapuchados daban órdenes en el mega invernadero
Otro detenido asegura que cuando amaneció pudieron ver que se trataba de cuidar marihuana y se asustó, de inmediato vio que los tres jefes, identificados como “El Ruco”, “El Negro” y “El Jovito”, estaban armados con rifles de alto poder (al menos los dos primeros) y pasamontañas. “Nos dijeron que el que se quisiera ir lo podía hacer, pero que recordáramos que tenían nuestras direcciones y matarían a nuestras familias, por ello todos desistimos, además para dónde nos íbamos si no sabíamos en dónde estábamos y decían que el poblado más cercano estaba muy lejos”, dijo.
La primera vez que llegó “El Chapo” Guzmán al poblado de San Agustín era ya de tarde, estaba por caer el sol -cuenta en su declaración uno de los detenidos-, se escuchó el avión pasar muy cerca del invernadero, el cual apenas se estaba construyendo y de inmediato bajaron de la avioneta tres personas, nos dijeron que uno de ellos era el “pesado”, el “chaca”: “El Chapo”. Los otros eran su personal más cercano.
A su encuentro, se puede leer en las declaraciones asentadas en el mismo expediente, del cual El Mexicano tiene copia, se aprestó el encargado de la siembra, al que todos llamaban “El 21” y tras saludarlo se dirigieron a la palapa. “Quien todos sabíamos que era "El Chapo" dio unas instrucciones a ‘El 21’ y se fue antes de que cayera la noche, no duró en el suelo ni 20 minutos la aeronave y tras despegar se perdió en el horizonte” esa tarde de finales de marzo.
Los trabajadores llegaron al mega plantío con engaños, a todos les ofrecieron mil pesos semanales y la posibilidad de ganar hasta 2 mil si eran movidos. Muchos de los detenidos aseguran en sus declaraciones que en Sinaloa ganaban 50 pesos por jornal, pero todos tienen como característica haber sido desempleados antes de venir a Baja California, ya que el frío devastó las siembras.
La segunda vez que estuvo “El Chapo” Guzmán en el sembradío, aseguran los ahora presos en El Hongo, la marihuana ya tenía cerca de un metro de alto. El narcotraficante se paseó por el invernadero, pero a los jornaleros no les permitían acercarse a ellos, ni siquiera verlos. Los jefes de la siembra o quienes les daban ordenes siempre andaban encapuchados y les insistían que no vieran al patrón.
En todas las ocasiones el fugado de “Puente Grande” durante el gobierno del ex presidente Vicente Fox y buscado en todo el mundo por la Interpol llegó al mega invernadero de 120 hectáreas muy temprano o cayendo la noche, nunca duró más de tres horas y siempre se le vio acompañado de otras dos personas, a las cuales no pudieron describir físicamente los detenidos.
Los mismos detenidos por narcotráfico en su modalidad de siembra no saben decir cuál fue la última vez vieron al jefe del "Cártel de Sinaloa", ya que además de esas tres veces la avioneta se siguió escuchando, por lo que elementos del Ejército cuestionaron a los detenidos antes de turnarlos a la agencia federal si en alguna avioneta estuvieron transportando droga del mega invernadero, lo cual no pudieron confirmar ni negar los jornaleros en ninguna de las declaraciones, esto, a pesar de que luego de detenerlos en un puesto de control en El Rosario los tuvieron hincados e incomunicados toda la noche.
Aseguran los jornaleros que los militares nunca les pegaron, pero sí los tuvieron hincados toda la noche previa bajo interrogatorio por separado antes de mandarlos a la agencia federal. “Nos preguntaban los ‘guachos’ mucho sobre "El Chapo", si lo habíamos visto todos, algunos dijeron que no y otros que sólo escuchaban la avioneta aterrizar, otros aceptamos que sí lo vimos”, argumentan.
De los líderes que cuidaban el sembradío el Ejército Mexicano no logró detener a ninguno, ni siquiera a “El Jovito”, quien estaba en el invernadero la tarde del 12 de julio cuando personal militar, perteneciente a la Fuerza de Reacción “Móvil Vite” integrada por 30 soldados, irrumpió por el camino vecinal que conducía al rancho del invernadero.
Cuando los jornaleros escucharon por radio que el Ejército iba rumbo al plantío, ‘El Jovito’ se subió a su Lobo de color blanco, placas de Estados Unidos y se dio a la fuga tan rápido que no pudieron siquiera verlo los militares, mientras que los cerca de 80 trabajadores, en su mayoría de origen sinaloense, se daban a la fuga. Unos corrieron a un cerro cercano y otros empezaron a correr por entre el desierto, por la zona árida. El Ejército llegó a las 7 de la tarde y los trabajadores se escondieron en los cerros aledaños; los militares sitiaron la zona en espera de refuerzos, ya que sólo eran como 30 y los trabajadores unos 80, los últimos comenzaron a caminar hacía San Vicente.
Sobre la detención de los campesinos
Al caer la tarde del 12 de julio del presente año, el grupo denominado “Móvil Vite”, integrado por 30 elementos de tropa del Ejército Mexicano, al realizar recorrido terrestre a la altura del kilómetro 141+500 de la carretera Transpeninsular, tramo San Quintín-Cataviña, aproximadamente 5 kilómetros al Norte del poblado de San Agustín, encontró cubierto con malla sombra un plantío de marihuana (en coordinada central PD-930156) con un área aproximada de un millón 200 mil metros cuadrados, así como una densidad de 12 plantas por metro cuadrado con una altura promedio de un metro.
De hecho al día siguiente, el 13 de julio a eso de las 12:00 horas, los elementos castrenses encontraron escondidas en el invernadero a dos personas, las cuales se identificaron como Salazar Armenta y 15 minutos después a López Gastélum, quienes al verse acorralados declararon que se acababan de escapar otras 60 o 70 personas más, las cuales iban rumbo al sur a bordo de un pick up blanco y un camión de caja cerrada; inclusive dieron algunos nombres, por lo que el Ejército de inmediato intensificó sus filtros de revisión.
Ya de noche cayeron los primeros. Un grupo de campesinos logró llegar caminando hasta la carretera federal y ahí sus integrantes tomaron un camión pasajero rumbo a Tijuana, sin contar que para ese entonces sus nombres ya formaban parte de una lista de personas buscadas, así que en el puesto de revisión fueron encontrados y esposados 14 de los campesinos que ya se sentían libres, sin un solo peso después de un mes de trabajo y otros con cuatro meses de laborar con engaños y amenazas de muerte.
Los detenidos fueron encerrados en una oficina del puesto de control, se les obligó a hincarse; horas después llegó un camión de carga conducido por Teófilo Santiesteban y como acompañantes iban Francisco Tarín Trasviña y Andrés Camacho López, mientras que en el remolque llevaban unas 39 personas más.
Dijeron, al verse rodeados, que venían de cortar cebolla, pero nunca contaron con que el Ejército Mexicano tenía un “Detector Molecular” GT200, el cual detecta residuos de marihuana en los carros o personas, por lo que al pasar el scaner por sus manos indicó que habían tenido todos contacto con marihuana.
Hasta el momento los campesinos sinaloenses siguen a la espera de ser sentenciados, ya que el Magistrado del Tercer Tribunal Unitario del Décimo Quinto Circuito ratificó lo dicho por el Juez Décimo de Distrito, en el sentido de que había elementos para dictar el auto de formal prisión en su contra por el probable delito contra la salud en su modalidad de siembra y cultivo del estupefaciente denominado marihuana, previsto en el artículo 198 párrafo tercero, en relación con el párrafo primero y sancionado en el artículo 194, ambos del Código Penal Federal, además con el artículo 234 de la Ley General de Salud.
(Con información de El Mexicano)

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