Por fin llegó el día de la tan esperado, la llegada de los Reyes Magos, 6 de enero. Fecha de tradición en la que miles de pequeños esperan su ansiado juguete traído por Melchor, Gaspar y Baltazar. Fecha de alegría para los niños quienes soñaron con un juguete nuevo para ese día. No es el caso de los niños de la calle. Esos que viven en lo oculto, en el otro extremo, en la miseria, donde muchos de ellos son explotados hasta por sus mismos progenitores. Esos que son olvidados por los Reyes Magos. Esos, los que no viven esa fantasía, ese cuento de hadas.
"Pato" un niño de 3 años -como da a entender con sus deditos cuando se le cuestiona cuántos años tiene-, pero quizás sean 5 o más pero, que por la desnutrición, no aparenta su edad real, no da su nombre sólo es conocido por la gente como "El Pato". Como la señora Alma González trabajadora en centro comercial, quien comenta: “Es una pena que esos niños anden por las calles descalzos, sin comer y arriesgando les pase algo. A este "Pato" lo conocí pequeñito. Lo dejaba su madre en un costado del mercado público sobre la calle Nicolás Bravo con su cajita de chicles, pequeñito ni siquiera podía cruzar la calle, ahí se quedaba quietecito”.
Y es que así pasa todas las madrugadas. Se puede ver a los niños olvidados, niños de la calle durmiendo con frío sobre solo cartones, en el suelo sucio del mercado público 27 de Octubre, esperando a ser despertados por el bullicio de los comerciantes al levantar las cortinas para iniciar un nuevo día de labores, o son despertados por el trinar de los zanates y pijules. Aves que se arremolinan en los arbusto en los alrededores de dicha central de abastos donde duermen.
José, como dijo llamarse uno de estos pequeños mientras se restregaba los ojos al ser interrumpido su sueño, dijo que para ellos no existe Navidad, Santa Claus, Nochebuena, y mucho menos los Reyes Magos. “ Cuando un día -comenta- le dije a mi mamá que le iba a pedir algo a Santa Claus, me dijo deja de andar creyendo en pendejadas y se dio la vuelta y se fue. Yo quise vivir esa ilusión. Se me antojo, pero luego ya se me pasó. Me puse a trabajar a seguir vendiendo chicles y ya”, dijo el niño de manera natural convencido de su realidad.
Oye José, si bien es cierto que los Reyes Magos no existen, ni Santa, que todo es tradición que muchos padres inculcan en sus hijos. ¿A ti no te gustaría que te regalarán juguetes y sentir el apapacho de tus padres y andar alegres como los demás niños todos celebrando?,- se le cuestionó.
“Claro que sí, pero nosotros somos pobres y nosotros nos criamos diferentes” dijo sonriente y no quiso que le tomara foto, lo mismo pasó con "Pato" que se encontraba con quien dijo ser su hermanita en un comercio de ventas de telas sobre la calle Juárez, donde lo ubiqué. No obstante al parecer, los papás los tienden muy bien aconsejados de que no den información a nadie. Quizás porque saben que es un delito de explotación que hacen con sus pequeños hijos quienes deberían estar estudiando en vez de estar trabajando a tan corta edad. Me despedí diciéndoles que probablemente las autoridades les regalarían juguetes en este día.
(Comalcalco • Ibneya Santos/Milenio on Line)
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